Escrito el 14 de mayo de 2020
Me despierto indiferente, pasivo, simplemente dispuesto a aceptar lo que el día me proponga.
Pero abro mi persiana y entra el sol en la habitación, y de pronto mi alma se crece de una forma sutil. Pienso que tal vez hoy puedo hacer algo más para avanzar.
Desayuno, escucho algo de música, compongo, leo, escribo.
El mediodía ha llegado pero parece que el día aún no ha rendido lo suficiente.
No me desmotivo. Voy con mi madre hasta el centro, doy unos pasos en la ortopedia (caminar me hace sentir bien conmigo mismo) y otros cuantos de vuelta al coche.
Mi madre me lleva al fisio, allí sigo caminando, de un lado a otro. Mi pierna parece cada vez más activa (eso me produce euforia).
Vuelvo a casa bastante contento, cenamos todos juntos y voy a mi habitación. Allí escucho algo de música y pienso en cómo me ha ido el día. Y en esa soledad vuelve a mi mente esa indiferencia. Tengo la sensación de que estoy estancado porque ya no puedo bailar, no puedo tocar, no puedo correr...
Pero entonces encuentro el mensaje de una gran amiga que me recuerda que hace seis meses yo estaba acostado en la camilla de hospital sin poder moverme, y ahora ella se alegra porque me ha visto caminar.
En ese momento me doy cuenta de que si quiero verme avanzar, no sólo debo mirarme con mis ojos, sino con los ojos de los demás.
Claudio


Maravilloso!!! Esa es la actitud campeón. 🤩🤩🤩🤩🏆🏆🏆🏆👌👌👌👌👏👏👏👏👏👏👏👏👏
ResponderEliminarSoy tu tia la repetida, me gusta mucho tu blog.No te rindas nunca, tendrás bajones pero poco a poco también llegan los subidones, muchos ánimos y a arrancar con fuerza💓💓💓💓
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